domingo, 4 de octubre de 2009

Las Fuerzas Armadas golpistas de Honduras


Jaime Alegría F., Rebelión, 4 de octubre de 2009

Estamos de acuerdo en que no existe en el mundo constitución alguna que avale ningún golpe de estado militar, sea éste de derechas o de izquierdas. Pasando al escenario hondureño, los bárbaros del poder económico y de la alta jerarquía eclesiástica de ese país argumentan que el ejército acató decisiones que le fueron conferidas por la Corte Suprema de Justicia para sacar – mediante Golpe de Estado militar – al Presidente Constitucional Manuel Zelaya por vulnerar la constitución. Este tipo de retórica manida y retorcida sólo cabe en mentes criminales y perversas. Por si fuera poco, pretenden además justificar la aberración golpista con el fantasma de Hugo Chávez”, promotor de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA). Por cierto, el pueblo de Honduras por décadas no ha dejado de ocupar el tercer lugar entre los países más pobres de América, cuya pobreza crítica repercute casi en el 70% de su población y, sin ayuda de Chávez. No es de extrañar que dichos niveles de pobreza se corresponden con la derecha más retrograda y deplorable de America Latina, no tienen vergüenza ni moral.

El golpe de Estado planificado por el grupo de poder económico y empresarial, perpetrado por las fuerzas armadas no ha sido otra cosa que el desprecio a la legalidad, a la institucionalidad y al pueblo hondureño.

Pero el tema que deseo abordar esta relacionado directamente con las Fuerzas Armadas golpistas. Y es que están pasando los peores momentos de su historia, más temprano que tarde recibirán la factura del pueblo. El ejército de Honduras no esta preparado para una ofensiva del pueblo con todo lo que tenga. De hecho, la sola conformación del Frente Nacional de Resistencia contra el Golpe de Estado representó un contragolpe inesperado para este. Nunca antes en su trayectoria golpista el ejército había experimentado un período tan largo de resistencia por parte del pueblo oprimido, y lo que falta. De hecho, algunas manifestaciones recientes del General Romeo Vásquez, aunque poco perceptibles debido a su denotada mediocridad, lejos de las de un hombre de honor, apuntan a la pronta aceptación del Plan Áreas por parte de la mayoría de los golpistas.

La Resistencia ya está optando por nuevas formas de lucha que dejan fuera el Plan Áreas y, puestos ya los muertos y desaparecidos durante los más de tres meses de resistencia, Zelaya sólo es una cuestión simbólica en el marco de la restitución democrática. Como dijera recientemente en la Universidad Politécnica de Madrid un representante diplomático de la Resistencia, “la tarea para nosotros de mayor envergadura es que se provoque la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, y a partir de ahí poder con todos los actores sociales, incluidos los mismos golpistas, porque al final son hondureños, y ahora están en desventaja en relación a la fuerza que tiene el pueblo hondureño”, continua, “ellos podrán tener la fuerza política y económica pero la fuerza social que es la mayor en esta relación de poderes, la tenemos nosotros”.

A mi juicio, esta relación de poderes a favor de la fuerza social hondureña dice mucho y debe preocupar al ejército, tomando en cuenta que las Fuerzas Armadas de Honduras, visto desde su trayectoria, su formación se ha especializado únicamente en estrategias de mecanismos de represión, tortura y asesinato selectivo contra el pueblo hondureño durante los eventos golpistas de períodos cortos. Los escuadrones de la muerte son la síntesis de ese tipo de formación.

El Frente Nacional de Resistencia contra el Golpe de Estado ha dejado claro que la lucha del pueblo hondureño es pacifica, pero que podría cambiar con otras formas de lucha en la medida que les repriman. En este sentido, de darse ese cambio de lucha, pondría en la cuerda floja al ejército golpista. Ya una vez fue reprobado por el pueblo de Honduras y relegado al papel de ejército cobarde durante la guerra con El Salvador en 1969, incapaz de defender a su pueblo frente a los soldados salvadoreños que estuvieron a un palmo de Tegucigalpa y que por la intervención de la OEA estos tuvieron que abandonar los territorios ocupados. El pueblo pobre de Honduras, además de sentirse defraudado por un ejército incompetente que los dejó a merced de la imposición de las fuerzas salvadoreñas, se convenció que éste solo servía para reprimirle cuando luchaba por sus reivindicaciones.

Las Fuerzas Armadas, tradicionalmente defensoras y protectoras de una oligarquía con arraigo en el dominio pleno de todos los poderes del Estado, se enfrenta ahora a una fuerza social históricamente marginada y ultrajada, dispuesta a luchar hasta las últimas consecuencias, consciente que ya no tiene nada que perder porque la vida no le merece vivirla en las actuales condiciones de pobreza crítica.

Jaime Alegría F. es Doctor en Ciencias Biológicas con énfasis en Planificación Ambiental y Profesor de Universidad.
Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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